disyuntiva


 La tentación se llama amor 

o chocolate. 

Es mala la adicción. 

Sin paliativos. 

Si algún médico, demonio o alquimista 

supiera de mi mal 

cosa sería 

de andar toda la vida por curarme. 

Pues tan sólo una droga, 

con su cárcel 

del olvido me salva de la otra. 

Y así, una vez más, es el conflicto: 

O me come el amor, 

o me muero esta noche de bombones. 

Juana Castro  

noviembre 26, 2016 at 10:56 Deja un comentario

hubo un tiempo en mi vida…

 He de reconocer que hubo un período de mi vida en que mi única obsesión era ganarme los favores de las mujeres. Sin embargo, algunas de las cosas más interesantes y probablemente la mayoría de las cosas que he aprendido de mí mismo y de otras personas ha sido fruto de aquel período obsesivo. 

(Leonard Cohen, Palabras, poemas y recuerdos )

noviembre 20, 2016 at 11:43 Deja un comentario

final de viaje

 

al-final

 

Vuelvo la vista atrás
lo acabo de comprender
he pasado de largo
y el final de mi viaje
sólo puedes ser tú.

H. Camacho

noviembre 4, 2016 at 15:42 Deja un comentario

octubre 22, 2016 at 11:55 Deja un comentario

se elige

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Diezmada, desangrada,

cortada en tantas partes

como sueños,

quiero,

no obstante,

ésta y no otra manera

de estar viva;

ésta y no otra manera de morir;

este sobresalto

y no más la habitual

duermevela.

Como una sombra de uno mismo

o como incendiado fósforo violento.

No hay otra alternativa,

ni más signo de identificación.

No otra muerte.

No mayor vida.

IDA VITALE

octubre 14, 2016 at 12:21 Deja un comentario

son lo más necesario

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Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

 

 

Gabriel Celaya

octubre 9, 2016 at 12:05 Deja un comentario

el ocaso


 No es casual, afirman Jean Chevalier y Alain Charbrant, que las hazañas mitológicas ocurran durante largos viajes hacia el oeste. Perseo, dispuesto a acabar con la Gorgona, Hércules aniquilando en el jardín de las Hespérides a las fuerzas perversas del Dragón, Apolo deslumbrado en las praderas hiperbóreas. (…) En su viaje nocturno por el mar, el sol desciende y cubre la geografía de su propia muerte llevándonos a las nocturnas y acechantes regiones de los sueños, pero nos regresa al día siguiente porque, como afirman los simbolistas, esa es su doble función: morir para volver a nacer, ser vida y crueldad; muerte y vida y lumbre de revelaciones que se ocultan en la muerte o despiertan en los sueños. El sol, en efecto, es fuente de luz, vida y calor, pero también lo es de agobios y agonía. ¡Lo saben quienes han cruzado con insensata temeridad el Sahara y el desierto de Kalahari! (…) Atormentado, Gerard de Nerval amaneció ahorcado, colgado de una reja cercana a una cloaca parisina, porque vaticinó el desastre de sus anhelos y la desdichada fuerza indomable de sus sufrimientos: conoció el sol negro de la melancolía, un sol que los antiguos mayas asumían bajo la forma desconcertante del jaguar. 

Rodolfo Izaguirre

octubre 2, 2016 at 10:31 Deja un comentario

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para pensar…

lux oculórum laetíficat ánimam
«La luz de los ojos es la alegría del alma».
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imperare sibi máximum impérium est
«Gobernarse a sí mismo es el gobierno más difícil». Séneca
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"el valiente vive hasta que el cobarde quiere"
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"Hasta los necios cuando callan parecen sabios"
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nam cítius flammam mortales ore tenebunt, quam secreta tegant.
«Es más fácil que los mortales guarden fuego en sus bocas que un secreto».
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La fe es la pasión por lo posible y la esperanza es el acompañante inseparable de la fe. (Kierkegaard)
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El arte de dirigir consiste en saber cuando hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta (Herbert Von Karajan).

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