Archivo para diciembre, 2011
lo que le pido a 2 o 12
Que la concordia nos conduzca a la paz
-la paz en cada alma-;
que las miradas bizcas
no se fijen en mi;
que me permita seguir dignamente
el camino que me toque;
que me mantenga cerca
del calor de esta lumbre
de la que no deseo alejarme;
que me colme de ánimos
para poder animar a los míos,
de vida, para colmarlos de vida.
almibarimposibleincertidumbre
No todos los días amanece despejado,
ni se perfila un horizonte claro y expedito
con un sol anaranjado que se despereza,
ni se atisba el despertar de una naturaleza
que festeja el milagro del la luz.
No todos los días tienes las ideas sosegadas,
ni atesoras la sensación de fortaleza y seguridad,
ni derrochas el arrojo para vadear los sufrimientos,
ni gozas de la frescura para anticipar los sobresaltos
que te aguardan en cada recodo de tu itinerario.
No todos los días ves el mañana definido,
ni aprecias la firmeza de tus convicciones,
ni recuerdas la verdad de las cosas más pequeñas,
ni percibes el calor de las caricias cercanas
que te arropan con su dulzura.
No todos los días te encuentras en el espejo,
ni adviertes la sombra soldada a tu cuerpo errante,
ni reconoces el camino transitado de tu experiencia,
ni sacas de tu interior nebuloso esa vitalidad
que te permite seguir caminando con firmeza.
No todos los días crepitan tus emociones,
ni se solazan tus sentimientos más primarios,
ni se arrebolan tus certezas más profundas,
ni rebosa por doquier la alegría
que disipa los momentos de zozobra.
No todos los días son iguales.
Algunos requieren un soplo de energía ajeno,
el abrigo del puerto seguro de palabras ciertas,
los puntales que te ayudan a seguir de pie.
Rescátame hoy de las tinieblas.
pamplinas
” De lona y níquel, peces de las nubes,
bajan al mar periódicos y cartas.
(Los carteros no creen en las sirenas
ni en el vals de las olas, sí en la muerte.
Y aún hay calvas marchitas a la luna
y llorosos cabellos en los libros.
Un polisón de nieve, blanqueando
las sombras, se suicida en los jardines.
¿Qué será de mi alma, que hace tiempo
bate el récord continuo de la ausencia?
¿Qué de mi corazón, que ya ni brinca,
picado ante el azar y el accidente?
Exploradme los ojos, y, perdidos,
os herirán las ansias de los náufragos,
la balumba de nortes ya difuntos,
el solo bamboleo de los mares.
Cascos de chispa y pólvora, jinetes
sin alma y sin montura entre los trigos;
basílicas de escombros, levantadas
trombas de fuego, sangre, cal, ceniza.
Pero también, un sol en cada brazo,
el alba aviadora, pez de oro,
sobre la frente un número, una letra,
y en el pico una carta azul, sin sello.
Nuncio -la voz, eléctrica, y la cola-
del aceleramiento de los astros,
del confín del amor, del estampido
de la rosa mecánica del mundo.
Sabed de mí, que dije por teléfono
mi madrigal dinámico a los hombres:
¿Quién eres tú, de acero, estaño y plomo?
-Un relámpago más, la nueva vida. “
Rafael Alberti
apuntes de fuego

Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga
-a medias puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.
Tomas Tranströmer
mantiene en armonía las moléculas…
“Creí que nos amábamos de verdad, nos vamos alejando sin tener la valentía de discutirlo”, dice Fabia (diseñadora en Nueva Jersey, de vida social activa, siendo él un ingeniero muy casero). Pedí la opinión de un psiquiatra. El probable cortocircuito fue la repentina toma de conciencia de que la unión no era posible por diferencia de visión, fastidio de él frente a la formalidad de ella. Empezó a comportarse como ella deseaba que fuera, traicionando su filosofía de la vida, perseveró en una relación que no se decidía entre afecto, sensualidad tibia, aséptica, hasta desembocar en fracaso sentimental, rutina sin sentido. Dice Fabia: “Me incomodaba oírle decir repentinamente una mala palabra, supuse que las usaría también en la intimidad de la alcoba”. Entonces se limitó a un idioma exclusivo hasta que se cansó de no ser él mismo. Fabia era muy apegada a las normas sociales, el protocolo; él era todo lo contrario: liberal, de pronto irreverente, enemigo de las farsas mundanas, los oropeles, la chismografía, la abominable frivolidad.
Muy cerca de mí, recién he visto desmoronarse parejas: un abismo humanístico los separaba, falta del imprescindible sentido del humor en ella o en él. Uno se nutre constantemente de cultura, no se conforma con conocimientos básicos programados. La cultura es actitud diaria, no pose casual, peormente social. La frivolidad puede ocultarse bajo un barniz apresurado. Sin embargo, ciertos matrimonios sin mayor nivel de estudios logran la equilibrada felicidad. Otras parejas se solazan en el lujo: el amor desaparece cuando escasea el dinero. La residencia millonaria no incluye seguro de felicidad. Hay personas que se aman simplemente y sin problemas. Debemos vivir nuestra vida sin que intervengan los demás.
Contesté a Fabia: “Tienes dos opciones para alejarte: la ruptura instantánea o el distanciamiento de puntillas. Formar una pareja es difícil si buscas el amor eterno”. Tiene que existir coherencia en la vida diaria, pero también convivencia permanente en la que se ama todo de nuestra pareja: arrugas, entusiasmo delirante, cicatrices, sudor, éxitos, ocaso, enfermedades, achaques, depresiones. Se desintegran las relaciones por la poca importancia que damos a la unión espiritual mientras nos regocijamos en banalidades sin futuro. Amar hasta la muerte es privilegio de quienes logran formar un bloque monolítico. “Los dos serán una sola carne” pero tendrán comunicación de almas. Buda Gautama aconseja desprendimiento en beneficio del otro. El amor mantiene en armonía las moléculas, los átomos del mundo, se vuelve incondicional. Ciertos idilios no progresan, lo intentan, dan tumbos, tratan de adaptarse, se atreven a hacer proyectos, se marchitan sin ruido cuando el aparente sentimiento se muere de tedio. No existe amor sin aquella complicidad tan divertida, descartando actitudes artificiales, preocupaciones mundanales, obsesión por la envoltura, la etiqueta, en detrimento del alma: amor tristemente convencional. Extraño la locura que pude compartir durante cuarenta años con una mujer excepcional. No pierdo la esperanza. Quizás la vuelva a encontrar sin poses, vestida de fantasía, de sueños y travesuras. El amor es loca complicidad, lo matan la rutina, el puritanismo, la preocupación por el qué dirán, la cultura que se quedó a medias, la vanidad social, el inmovilismo sentimental.
http://www.eluniverso.com/2011/05/15/1/1363/amamos-nos-alejamos.html
Bernard Fougéres bernardf@telconet.net
para seguir camino…
Está solo. Para seguir camino
se muestra despegado de las cosas.
No lleva provisiones.
Cuando pasan los días
y al final de la tarde piensa en lo sucedido,
tan sólo le conmueve
ese acierto imprevisto
del que pudo vivir la propia vida
en el seguro azar de su conciencia,
así, naturalmente, sin deudas ni banderas.
Una vez dijo amor.
Se poblaron sus labios de ceniza.
Dijo también mañana
con los ojos negados al presente
y sólo tuvo sombras que apretar en la mano,
fantasmas como saldo,
un camino de nubes.
Soledad, libertad,
dos palabras que suelen apoyarse
en los hombros heridos del viajero.
De todo se hace cargo, de nada se convence.
Sus huellas tienen hoy la quemadura
de los sueños vacíos.
No quiere renunciar. Para seguir camino
acepta que la vida se refugie
en una habitación que no es la suya.
La luz se queda siempre detrás de una ventana.
Al otro lado de la puerta
suele escuchar los pasos de la noche.
Sabe que le resulta necesario
aprender a vivir en otra edad,
en otro amor,
en otro tiempo.
Tiempo de habitaciones separadas.
Luis García Montero







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