gracias te doy por tanto
Noviembre 8, 2009
Me devora la boca que me besa,
me erosiona la voz que me acaricia
y me da vida la tenaz sevicia
de tu labio trocado en fiel pavesa.
Me asesina la mano que confiesa
lo que la voz no eleva a la caricia
me edifica tu labio y su codicia
que dilapida su lujuria aviesa.
Me reta y me sostiene tu locura,
me desalienta tu vivir sensato,
me desarma y cautiva tu ternura,
y en este canto preso que desato
se me enamoran alma, mente y boca
del mordiente clavel que las desboca.
…
En la distancia estás, pero presente
sigues en mí. Tus ojos no se han ido.
Fijos, me dicen: “Calla. No hay olvido.
Te engaña el viento, el horizonte miente”.
Estás aquí, debajo de mi frente,
cerca del corazón y su latido.
Tu aliento va en mis venas escondido
como un secreto, generoso afluente.
En la ceniza está oculta la brasa
y el fuego en cada pecho que suspira,
que el gozo besa y que el dolor traspasa.
Déjame, amor, al menos la mentira
de este espejismo dulce que no pasa
como un leopardo de humo que se estira.
…
Gracias te doy porque enjugaste el llanto,
gracias por el abrigo de tu alero,
por ser recodo grato en el sendero,
y miel en la amargura del quebranto.
Tu caricia escondida va en el canto
y tu luz me ilumina en el lucero.
Aunque te vayas, queda prisionero
en esta línea un trozo del encanto.
Gracias, amor, porque por fin viniste,
por la breve ilusión que me trajiste,
por el gozo en el vértigo secreto.
Gracias te doy aun porque pusiste
en mi sonrisa con tu beso quieto
color de sangre anclada y viejo abeto
Carmen González Huguet
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