declaraciones
Junio 17, 2008

XIX
Es sabido que de todas las criaturas que hay en el bosque el
sol de diciembre es el que más pena da, el que parece más
desamparado.
Ni siquiera resulta fácil encontrarse con él.
Sin duda tiene frío o hambre, y en su cuerpo mojado a veces
pueden verse manchas o heridas de auroras apagadas,
rasgaduras celestes.
Por eso yo le dije un día que lo vi, entre las ramas viejas de
una encina, temblando y solo, con los ojos cerrados, que
viniera conmigo.
Por eso yo le abrí también la puerta de mi casa.
XXII
Algunas veces le he pedido al agua del bosque que me convierta
en un ser invisible, como tantas otras criaturas que también
andan por aquí y que envidiamos. Y aun sabiendo que no es
posible que me dé lo que le pido, insisto en que me deje al
menos compartir su transparencia.
Y si se diera el caso de que también tuviera que explicarle
para qué, yo le diría entonces simplemente esto: que, algunas
veces, cuando llegan al bosque el viento del norte o la sequía,
la tormenta de barro o la plaga de insectos, no ser visto por
nadie es mi deseo.
Vicente Valero (de Dias del bosque)

Trackback this post | Subscribe to the comments via RSS Feed